Vale.
Situado un poco mejor en la situación actual (y muy agradecido por los comentarios del anterior apartado, conste), a ver si regreso a la vida diaria con todo. Reanimando las Cutreñetas, que mi socio debe de estar a punto de enviar a la cuadrilla de búlgaros a partirme las piernas (preferiría unas nodrizas caribeñas, pero qué le vamos a hacer) y enlazando algo nuevo.
Y como las Cutreñetas llevan trabajo (je) y enlazar no tanto, ahí va un ilustrador realmente cojonudo:
Pablo Amargo. No, no baila.
(En cuanto a mi enano, da gusto verlo. Un tanto protestón me ha salido, por cierto, pero mi madre, no sé por qué, dice que tiene a quién parecerse).